
Quisiera demorar cualquier partida,
congelar la edad de mi niñez
en el pasado sepia de mis recuerdos.
Creer como hasta hoy que todo era así
con ese mundito de sonidos y olores,
que alguna brisa siempre lo ha de traer.
Pero nada detiene al tiempo y es a veces insospechable
Inimaginable.
Y en vez de irme, hago nada más que volver;
siempre al revés, siempre a contrapelo de la realidad
o en sentido lógico de una utopía.
Vuelvo, vuelvo y desando
por calles que el tiempo no quiso pintar de asfalto,
por donde el progreso avanza en las ilusiones
Mejor asi...
Debajo de mis suelas está el pasado que nunca piso,
más bien transito una y mil veces.
Vuelvo al pueblo y miro mis huellas en el guadal,
son más grandes de las que niño dejé
eso sí, no más pesadas que las de entonces.
Todo me trae a ti pedacito de pueblo;
arenilla que levanta el aire, es lo que me divaga el alma,
se pega a mi rostro, es el rubor que vine a buscar.
Todo es un mar de ausencias, siglos apilados
la vieja casa reducida a ladrillos sin formas, sin vida.
Sólo un viejo aljibe...pareces estar sentada allí, madre,
con tu figura regordeta, mis hermanos
y los perros a la vuelta.
Pesadamente camino en el rojizo polvo de tus calles.
Y aún don Gabriel, sereno, mira desde la pequeña ventana triangular
dando el parte nuevo
de quién pisa las calles solitarias.
de quiénes aún se atreven a volver.
Ya casi ni cuenta se da si lo saludo.
Llega la tardecita
todos riegan las calles de greda con lágrimas de sudor
y barren toda desesperanza con la risa de los niños
Por todo el pueblo, como hace tiempo.
La Vieja Estación ha callado sonidos propios,
el andén se duerme con el ocaso hacia el oeste.
Alguien más alguien anudaron las vías
hacia los cuatro rumbos del algún sueño.
El guardia ha tocado la campana del último tren,
de ese que no vuelve, no más que en memorias
Quien haya dejado destruir este lugar
no sabe de la concurrencia de emociones
que ha perdido este pueblo.
Pero fue más fácil involucionar
y atropellar cualquier nostalgia.
Igual ya he llegado tarde...
Llega la nochecita y con ella, el viento
que chifla suavemente en las ramas de los terebintos.
Agita y se relaja en las añosas palmeras,
sacudiendo recuerdos de algún amor que un día dejamos en suspenso.
La noche me va trayendo el silencio cotidiano
y me sumerge en la idea de alguna vez regresar
para siempre.
Debo partir...
me sorprende una madrugada
con perros que torean al cielo estrellado
y gallos que apuran el alba hacia el naciente.
Quisiera demorar cualquier partida
atrapar el tiempo entre mis manos.
Quisiera manipular cualquier instante
a elección de imágenes
Quisiera sentirte en poesías.
Quisiera sentirte un día más, Patquía
Roberto Maldonado
02/10/2009 |